10 mayo, 2026

Cría Cuervos (1976)


No me importa tanto lo que una película puede contar si no como lo cuenta.
¿Cómo retratas por medio de imágenes la tristeza de una niña de no más de 10 años que ha visto como su familia ha desaparecido?
Por medio del corte, la vemos a ella siendo arreglada en el cuarto de baño junto a sus hermanas.
Hay una mujer peinándose afuera del baño, otra mujer la peina a Ana, una dulce voz hace a un lado a Rosa. Es la mamá de Ana, quien acaricia su cabello y juega con ella.

-y si te muerdo aquí, en el cuello. Dice su mamá.
Un momento tan feliz es destruido por un corte en el plano, ya no está mamá, sigue siendo Rosa, la empleada de la casa, quien sigue peinando a Ana. Le pregunta en que piensa.

Con un solo corte, con imágenes y sin exponer nada en diálogos sabemos lo que pasó. Ana ve a su mamá muerta, son recuerdos, la confunden y a veces ya no sabe que es verdad y que es fantasía. A decir verdad poco sabe Ana de realidad y fantasía. Lo único que sabe es que su mamá está muerta, pero aún así la puede ver.
El cine es una ventana por la cual podemos asomarnos a nuestros recuerdos, podemos regresarlos, podemos fabricar recuerdos nuevos.
"Cada vez que vemos una película es diferente, pero la película no cambia, no puede. En cambio somos nosotros los que hemos cambiado".

¿Porqué te vas? Canta la pequeña Ana al unísono que su pequeño tocadiscos. Sus ojos están mojados y junto a ella entendemos del dolor del mundo, comprendemos la pérdida, la tristeza.
Jeanette, en ese momento, le está cantando a la mamá de Ana: como cada noche desperté pensando en ti.

Ana sueña con su mamá, en sus sueños le canta canciones y le cuenta cuentos. Pero el sueño también es pesadilla porque también está su padre. Ana no lo sabe pero en ese momento su padre representa todo lo que hace triste a su madre, a ella y a sus hermanas. La represión encarnada en el militarismo y la religión.

"Todas las promesas de mi amor se irán contigo, me olvidarás". 
Ana también olvida y confunde, a veces un diálogo que era de su mamá descubrimos qué en realidad fue enunciado por su tía, quien ahora se hace cargo de ella y sus hermanas. 
Luego entonces ¿cuanto de lo que vemos junto a Ana es real? Esa primer secuencia donde vemos una mujer abandonar apurada la habitación del padre de Ana para luego descubrir que el ha muerto. ¿Este momento es real o Ana está confundiendo sus recuerdos con sus deseos? 
Si David Lynch explora los sueños en sus películas y Lucio Fulci hace lo mismo con las pesadillas. Carlos Saura se adentra en los terrenos de los recuerdos infantiles. 

-No puedo entender a la gente que dice que la infancia es el momento más feliz de la vida. Ciertamente no fue para mí.
 Reza una Ana adulta mirando directamente a cámara , quien ahora es la viva imagen de su mamá (está interpretada por la misma Actriz). ¿Es eso? ¿Se parecen? O es que Ana ya no recuerda a su mamá realmente y se ve a si misma en ella.
Regresemos a la forma. La materia prima del cine es el tiempo capturado (citando a Tarkovsky) y la herramienta principal de la práctica cinematografía es el montaje (ahora estoy parafreaseando a Eisenstein). Por medio de imágenes y del montaje, Carlos Saura crea un complejisimo retrato sobre una mujer adulta que recuerda su infancia. En varias ocasiones la película nos obliga a recordar momentos concretos por medio de la repetición, en dos ocasiones vemos a Ana lavar un vaso de cristal que contenía leche. Sin decirnos nada por medio de palabras entendemos que ese vaso es para Ana una idea que la ha recorrido desde que vió morir a su madre. 
Luego Ana acostada en su cama ve a su mamá pasar frente a la puerta de la habitación, siempre de izquierda a derecha. Avanzando, estando ahí con ella, no es hasta que su madre regresa ahora de izquierda a derecha que Ana explota en llanto. 
Cría Cuervos es una película pesimista, habla sobre aquella infancia obligada a olvidar. Es el recuerdo de la mujer obligada a callar y a sentir en silencio. 



03 mayo, 2026

Reminiscencias personales en el Viaje de Chihiro

"Nada de lo que hacemos se olvida, incluso si no podemos recordarlo"

Hace unos años, elucubré una máxima que tratara de resumir a grandes rasgos lo que pienso actualmente sobre las películas. Dicha máxima o frase reza así:

"La esencia del cine no está en contar historias si no en revelar emociones".

¿Qué bonito no? Para mi tiene mucho sentido y más cuando me ha ocurrido que pasan los años y a mi mente viene alguna película vista años atrás. Me ocurre muchas veces que no recuerdo de que trata, quienes eran sus personajes ni mucho menos su desenlace. Sin embargo recuerdo una imagen, un ojo siendo cortado por una navaja de afeitar, el reflejo de un hombre en la ventana de un taxi mientras ríe en completo tono de locura, un niño que milagrosamente ha vuelto a hablar le pregunta a alguien que no está: "En el principio era el verbo ¿Porqué papá?".
Pero no fue hasta hace unos días en que parece que yo mismo me convencí a mi mismo de que mis palabras tenían sentido. Y lo hice como suelo hacerlo, por medio de sueños, recuerdos y azar. 
Resulta que hace algunas semanas me encontraba viendo una película con una niña adorable llamada Amelia. La película era El viaje de Chihiro, ya la habíamos visto algunas veces y en cada ocasión mi hija de 8 años me hacía notar algo nuevo. En su infinita inocencia me confesaba qué sus personajes favoritos eran las pelusas de ollín qué trabajan en las calderas acarreando carbón.
Le platiqué el significado de la escena del espíritu mugroso, cuando al final descubren qué en realidad era un río que fue contaminado por los seres humanos. "Pobrecito" alcanzó a decir, casi murmurando. 
En eso estábamos y no se porque el estar con ella luego de contarnos tanto acerca de la película me hizo decir unas palabras que creo que nunca había dicho en voz alta, o no se, si lo había dicho nunca había sido tan real como en ese momento. 
En la secuencia en que Chihiro se dirije hacia la estación de tren, caminando descalza al lado de unas vías de tren inundadas por una cristalina agua, mientras el cielo azul asoma algunas perezosas nubes. 

"Esa imagen siempre me ha parecido hermosa" dije yo en voz alta. Amelia alcanzó a escucharme porque de inmediato preguntó ¿Porqué dices que es hermosa?. 
No lo sé, no supe cómo explicarle lo que me hacía sentir, porque a decir verdad yo tampoco sabía la razón. 
Hay algo en esa imagen, unas vías cubiertas de agua. Creo que le dije a mi hija: "tiene algo poético". 
Y debió entenderme a su manera porque momentos después viene aquella secuencia en donde Chihiro y el Sin Cara se sientan dentro de un vagón. Chihiro está serena, pensativa, no sabe que va a encontrar en este viaje, pero también se nota decidida, nada la detendrá. 

Segundos antes de que nuestra protagonista tome asiento, Amelia se me acerca y me dice: "Mira, aquí viene el momento canónico de la película"
¿Donde aprendió una niña de 8 años a usar un adjetivo como ese? Ahora que escribo esto lo más probable es que conoció la palabra cuando fuimos al cine a ver la segunda parte del spiderverso. 
Cómo sea, terminamos de ver la película y seguimos hablando de ella y viendo otras películas más. Pero en mi mente se me quedó aquella pregunta. 

¿Porqué dices que es hermosa? 

La respuesta me vendría hace unos días, en una calurosa noche en que me costaba conciliar el sueño. 
Con mucho esfuerzo y despertando al menor estímulo, concilié el sueño precariamente. Aún sentía el calor en mi cuerpo, cuando escuché un aguacero cayendo, llantas metálicas rechinando y mi mamá despertándome de un largo sueño. 
Volvía a tener 6 años y me estaba bajando de un enorme y ruidoso tren. Está lloviendo tupido y como podemos nos refugiamos afuera de una pequeña estación de tren cerrada qué anuncia el nombre de la misma, "Los tigres". 
Debe de ser muy temprano, aún no abren y la noche no parece con muchas ganas de irse todavía. 
Y entonces lo supe, este sueño era un recuerdo, uno que nunca olvidé, sin embargo no recordaba. "Nada de lo que ocurre se olvida, incluso si no podamos recordarlo" enuncia un personaje del viaje de Chihiro. 
Y lo entendí en ese momento, lo recordé. La vieja estación de trenes en Veracruz, a mi mamá tomándome de la mano, mi prima haciéndome bromas, el subir por primera y última vez a un tren, el dormir incómodo, la lluvia, la noche y por sobre todo las vías inundadas con agua. 
Despierto y me vienen más recuerdos. Afuera de una casita de madera hay una planta de pistachos, nunca los había visto así como son, verdes y colgados de sus ramas. Mi mamá me lleva a un riachuelo donde hay pequeños pecesitos llamados pepescas. Luego los pescarán, freirán y finalmente los comeremos con sal y limón. 
Me recuerdo corriendo entre animales, riéndome, cayéndome, mojándome los pies con agua de lluvia en aquella vieja vía inundada. 
Es un recuerdo hermoso. 
¿Porqué dices que es hermosa? Ahora lo se hija, digo que esa escena es hermosa porque sin yo recordarlo, ese momento me hacía ir al pasado y volver a sentir algo tan hermoso y tan difícil de conservar como la felicidad ingenua de un niño. 
El cine sirve para revelar emociones. Una película dice más de quien la ve que de quien la hizo. 
Gracias a una serie de circunstancias azarosas pude descubrir lo que esa imagen me revelaba a mi mismo. Ahora imagínense todos los recuerdos, todas las emociones comprimidas, todas las sensaciones olvidadas qué viven en nosotros, pero que son invocadas al menos una vez, aquella vez en que vemos una película y ésta la arrastra a la superficie. 
Amor, odio, terror, compasión, ternura, todo eso que sentimos al ver una película, no es si no nuestra propia alma hablando a través de las imágenes.