03 mayo, 2026

Reminiscencias personales en el Viaje de Chihiro

"Nada de lo que hacemos se olvida, incluso si no podemos recordarlo"

Hace unos años, elucubré una máxima que tratara de resumir a grandes rasgos lo que pienso actualmente sobre las películas. Dicha máxima o frase reza así:

"La esencia del cine no está en contar historias si no en revelar emociones".

¿Qué bonito no? Para mi tiene mucho sentido y más cuando me ha ocurrido que pasan los años y a mi mente viene alguna película vista años atrás. Me ocurre muchas veces que no recuerdo de que trata, quienes eran sus personajes ni mucho menos su desenlace. Sin embargo recuerdo una imagen, un ojo siendo cortado por una navaja de afeitar, el reflejo de un hombre en la ventana de un taxi mientras ríe en completo tono de locura, un niño que milagrosamente ha vuelto a hablar le pregunta a alguien que no está: "En el principio era el verbo ¿Porqué papá?".
Pero no fue hasta hace unos días en que parece que yo mismo me convencí a mi mismo de que mis palabras tenían sentido. Y lo hice como suelo hacerlo, por medio de sueños, recuerdos y azar. 
Resulta que hace algunas semanas me encontraba viendo una película con una niña adorable llamada Amelia. La película era El viaje de Chihiro, ya la habíamos visto algunas veces y en cada ocasión mi hija de 8 años me hacía notar algo nuevo. En su infinita inocencia me confesaba qué sus personajes favoritos eran las pelusas de ollín qué trabajan en las calderas acarreando carbón.
Le platiqué el significado de la escena del espíritu mugroso, cuando al final descubren qué en realidad era un río que fue contaminado por los seres humanos. "Pobrecito" alcanzó a decir, casi murmurando. 
En eso estábamos y no se porque el estar con ella luego de contarnos tanto acerca de la película me hizo decir unas palabras que creo que nunca había dicho en voz alta, o no se, si lo había dicho nunca había sido tan real como en ese momento. 
En la secuencia en que Chihiro se dirije hacia la estación de tren, caminando descalza al lado de unas vías de tren inundadas por una cristalina agua, mientras el cielo azul asoma algunas perezosas nubes. 

"Esa imagen siempre me ha parecido hermosa" dije yo en voz alta. Amelia alcanzó a escucharme porque de inmediato preguntó ¿Porqué dices que es hermosa?. 
No lo sé, no supe cómo explicarle lo que me hacía sentir, porque a decir verdad yo tampoco sabía la razón. 
Hay algo en esa imagen, unas vías cubiertas de agua. Creo que le dije a mi hija: "tiene algo poético". 
Y debió entenderme a su manera porque momentos después viene aquella secuencia en donde Chihiro y el Sin Cara se sientan dentro de un vagón. Chihiro está serena, pensativa, no sabe que va a encontrar en este viaje, pero también se nota decidida, nada la detendrá. 

Segundos antes de que nuestra protagonista tome asiento, Amelia se me acerca y me dice: "Mira, aquí viene el momento canónico de la película"
¿Donde aprendió una niña de 8 años a usar un adjetivo como ese? Ahora que escribo esto lo más probable es que conoció la palabra cuando fuimos al cine a ver la segunda parte del spiderverso. 
Cómo sea, terminamos de ver la película y seguimos hablando de ella y viendo otras películas más. Pero en mi mente se me quedó aquella pregunta. 

¿Porqué dices que es hermosa? 

La respuesta me vendría hace unos días, en una calurosa noche en que me costaba conciliar el sueño. 
Con mucho esfuerzo y despertando al menor estímulo, concilié el sueño precariamente. Aún sentía el calor en mi cuerpo, cuando escuché un aguacero cayendo, llantas metálicas rechinando y mi mamá despertándome de un largo sueño. 
Volvía a tener 6 años y me estaba bajando de un enorme y ruidoso tren. Está lloviendo tupido y como podemos nos refugiamos afuera de una pequeña estación de tren cerrada qué anuncia el nombre de la misma, "Los tigres". 
Debe de ser muy temprano, aún no abren y la noche no parece con muchas ganas de irse todavía. 
Y entonces lo supe, este sueño era un recuerdo, uno que nunca olvidé, sin embargo no recordaba. "Nada de lo que ocurre se olvida, incluso si no podamos recordarlo" enuncia un personaje del viaje de Chihiro. 
Y lo entendí en ese momento, lo recordé. La vieja estación de trenes en Veracruz, a mi mamá tomándome de la mano, mi prima haciéndome bromas, el subir por primera y última vez a un tren, el dormir incómodo, la lluvia, la noche y por sobre todo las vías inundadas con agua. 
Despierto y me vienen más recuerdos. Afuera de una casita de madera hay una planta de pistachos, nunca los había visto así como son, verdes y colgados de sus ramas. Mi mamá me lleva a un riachuelo donde hay pequeños pecesitos llamados pepescas. Luego los pescarán, freirán y finalmente los comeremos con sal y limón. 
Me recuerdo corriendo entre animales, riéndome, cayéndome, mojándome los pies con agua de lluvia en aquella vieja vía inundada. 
Es un recuerdo hermoso. 
¿Porqué dices que es hermosa? Ahora lo se hija, digo que esa escena es hermosa porque sin yo recordarlo, ese momento me hacía ir al pasado y volver a sentir algo tan hermoso y tan difícil de conservar como la felicidad ingenua de un niño. 
El cine sirve para revelar emociones. Una película dice más de quien la ve que de quien la hizo. 
Gracias a una serie de circunstancias azarosas pude descubrir lo que esa imagen me revelaba a mi mismo. Ahora imagínense todos los recuerdos, todas las emociones comprimidas, todas las sensaciones olvidadas qué viven en nosotros, pero que son invocadas al menos una vez, aquella vez en que vemos una película y ésta la arrastra a la superficie. 
Amor, odio, terror, compasión, ternura, todo eso que sentimos al ver una película, no es si no nuestra propia alma hablando a través de las imágenes. 

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