18 septiembre, 2017

¡Tintorera! y koyaanisqatsi. Reflexiones sobre cine y trascendencia.

Alguna vez escuché decir a Omar Rodríguez López que para el no había ninguna diferencia en escuchar a Héctor Lavoe e inmediatamente después escuchar a los Red Hot Chili Peppers. La música es música y la disfruto igual.
Bueno, si, dije yo, entiendo lo que quiere decir, habla de no menospreciar géneros, de todos ellos puedes obtener algo, de no discriminar música por su nacionalidad, de la búsqueda de la universalidad en la música.
Luego dije yo, si, pero la música también es geográfica, habla de su gente, de su forma de ver el mundo, de su clima, de todo su contexto.
En eso estaba yo, en un conflicto interior, sabiendo que la contradicción es aquello que nos hace lo que somos como especie, queriendo abrazarla a veces, otras rechazándola.   
Me contradigo, luego existo. Hoy pienso una cosa pero digo otra. Y cuando lo digo pienso que no debí decirlo.

“La verdad es que prefiero no hablar, estos días me siento tan disperso” escuché cantar a Rubén Albarrán hace algunos años y quise adoptar esa canción, esos días se volvieron años y sigo callando muchas cosas y sigo hablando de muchas otras cosas.
Y así sigo, contradiciéndome y desviándome de lo que quiero decir.
Acabo de ver dos películas los pasados dos días, una ya la había visto hace muchos años, la otra había escuchado hablar de ella pero la había evitado por miedo.
Cuando las vi, una un día, la otra al siguiente. Entendí un poco de que habla Omar Rodríguez López. Pero creo que es del tipo de entendimiento efímero, ese entendimiento que desaparece después de unos días. Es un sentimiento de lucidez que embarga tu alma y te hace decir: ¡Lo entiendo!
Me pasa casi siempre que veo Donnie Darko, o 2001: A Space Oddissey. Si, lo entendí, entendí todo, pienso para mis adentros: es tan sencillo que no se como explicarlo.
Alguna vez oí decir a René Franco mientras entrevistaba a Alejandro Jodorowsky: Dicen que el Buda al alcanzar la iluminación luego de estar décadas meditando se dijo para sus adentros: ¿Ahora como se los explico?
No soy el Buda ni he logrado la iluminación ni tampoco llevo meditando años pero me asalta la misma duda ¿Ahora como les explico que Koyaanisqatsi y ¡Tintorera! Son iguales?
¿De que van las películas? Una de ellas es un producto comercial dirigido por una leyenda del cine de género en México, Rene Cardona Jr. Protagonizada por galanes de la época de los 70s, Andrés García y Hugo Stiglitz. Alrededor de ellos desfilará una docena de hermosas mujeres, algunas tendrán aventuras sexuales con nuestros protagonistas. De fondo tenemos las hermosas playas del caribe mexicano y como MacGuffin marino intercambiable, un tiburón de la especie tintorera que en el último tramo de la cinta le hará la vida imposible al personaje de Esteban, interpretado por Hugo.

Koyaanisqatsi es una película documental experimental rara que puede provocar a mas de uno un dolor de cabeza. La cinta es una sucesión de imágenes con cierta dirección narrativa, no contiene diálogos, solo música y en contadas ocasiones sonidos incidentales. Por medio de sus imágenes el director nos invita a contemplar por medio de su cámara las maravillas de la naturaleza y la incesante necesidad del ser humano por modificar su entorno valiéndose de la tecnología.
Durante su hora y media de metraje se nos irán mostrando retazos del día a día de la sociedad humana, desde sus calles atestadas de vehículos, ríos de metal y luz que nunca se detienen, una incesante fuerza de la naturaleza, caras, ojos, expresiones, personas, gente, todo ello inmortalizado, trascendiendo el tiempo y el espacio al ser captado en celuloide.
Al ser su naturaleza puramente visual, negándose a dirigir los temas por medio del lenguaje hablado, se presta a múltiples interpretaciones, hay quien lo ve como una alegoría enorme al progreso humano, hay quienes ven una crítica al sistema consumista/capitalista. Hay quienes ven una obra pedante y autocomplaciente. Hay quienes ven la mas pura muestra de arte cinematográfico.

Yo, al igual que le ocurre Omar Rodríguez con la música, no veo ninguna diferencia entre una cinta y la otra. Ambas, dentro de su contexto, son valiosas muestras del ingenio humano, de su incesante necesidad de crear, de permanecer creativo, sin importar los problemas que surjan alrededor.
Veo aquella escena en que la tintorera le arrebata a Esteban una mujer que lleva en brazos, un close up al hocico del animal y vemos el cadáver de la chica siendo engullido por la fiera, analizo la cinta y distingo claramente al animal nadando junto a los actores, sin ninguna protección aparente, no había presupuesto para crear sofisticados tiburones mecánicos como hizo antes Steven Spileberg en su cinta Jaws, entonces se le hace fácil al director meter a los actores a nadar junto a los tiburones. Literalmente, en un mismo plano vemos a Hugo Stiglitz siendo perseguido por el tiburón.
Antes ya me dejé seducir por las hermosas imágenes del mar y la arena, puestas de sol, todo hermosamente fotografiado, no puedo dejar de recordar a mi familia y las ocasiones en que los he visitado en aquellas lejanas playas, las mismas donde hace años un grupo de personas parió una obra tan visceral como trascendente en mi vida.

Me maravillo ante el ingenio de aquellos que en su apretado presupuesto lograron crear unas escenas tan bien logradas como aquella en que la tintorera parte por la mitad a un sujeto y vemos como le arranca la cabeza y sus entrañas flotan apacibles en medio del azul mar que de a poco comienza a teñirse de rojo.
Luego veo aquella secuencia en donde un hombre mira hacia la nada mientras fuma un cigarrillo, luce preocupado y aburrido, ¿cómo describir lo que creo que siente? No lo sé. Momentos después vemos a una mujer de avanzada edad intentando prender un cigarrillo (otro cigarrillo que me recuerda que apenas hace unos meses era adicto a la nicotina), no puede, su encendedor falla, corte, suben a un hombre a una camilla, no sabemos si ha muerto o solo se ha desmayado. Solo escuchamos música de un sintetizador, tratando de emular los sonidos de una orquesta, lo artificial imitando lo natural. Pienso, pero ¿Qué acaso la música no es eso? Una incesante imitación de la naturaleza, de los cantos del mar y el viento. Pienso todo eso mientras la música continúa, artificial y hermosa, la acompañan unos cantos que no entiendo. Una nave espacial despega, la cámara sigue su curso, es majestuoso, el mayor logro del ser humano, explota, la misión ha fallado, la cámara continúa filmando el trayecto ahora hacia abajo, en picada. ¿Qué representa esa toma? Los sueños de grandeza de la humanidad, la hipocresía desenmascarada, los sistemas políticos colapsando. Significa todo eso y mas.
Significa que dos películas de dos nacionalidades diferentes, con dos intenciones diferentes pueden tocar el alma de una misma persona, trascendiendo el tiempo y el espacio, cobrando un nuevo sentido y forma en cada persona que las ve.

Las imágenes siguen frescas en mi mente, poco a poco los mensajes comenzarán a ser olvidados por mi cerebro, pero estoy seguro de algo. No se si en mi retina, en alguna neurona o en mi alma, no se en donde, pero se que algo quedará registrado y me hará volver ahí, a esa playa caribeña, a contemplar a ese par de machos y sus aventuras a la hora de cazar tiburones, reafirmando sus lazos amistosos, demostrando que la amistad es uno de los sentimientos mas puros del ser humano. Regresaré a esas calles saturadas de gente, apresuradas por llegar a sus destinos, tan inciertos como su presente y futuro.
Creo que lo estoy olvidando justo ahora, lo único que se es que el cine hermoso y todos deberían de poder maravillarse con su magia.


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