Me preguntaba el otro día ¿que hace diferente el cine de
terror actual al que se hacia hace 30 años? ¿Por qué sigo regresando a los
clásicos? ¿Por qué sin importar que nuevas películas vea simple y sencillamente
no terminan por llamar mi atención?
¿Las respuestas? Puede que se trate del apartado técnico y
ese gusto por lo artesanal, a lo mejor también ese ritmo frenético de edición
que abunda en el cine actual me haga alejarme de el, probablemente también se
deba a esa manía de volver a contar las mismas historias sin aportar nada al
género, también puede que ese recurso del susto fácil (el ¡BUUU!) ha terminado
por aburrirme.
No me malinterpreten, ha habido cosas que me han sorprendido
últimamente, recuerdo a primera mano la película de Get Out. Una película con
una premisa alucinante, formidablemente filmada, que bueno, si nos ponemos mas
estrictos, la cinta gira en torno a una idea del explotation propio de los 70s,
es una cinta que se siente fresca simple y sencillamente porque entre el mar de
películas que usan siempre los mismos recursos, esta cinta se anima a hacer
algo diferente, es obvio que termina por resaltar.
Bueno, estas pueden ser algunas de las razones, pero
pensándolo mas a fondo, creo que se debe a otra cosa. A algo mas personal,
alguna vez ya lo dije en este blog, cuando hablaba precisamente de una de las
últimas entregas de esta saga. Citándome a mi mismo – Soy una persona
sentimental.
Eso es, les cuento lo que me ocurre cuando veo una película
como la masacre de Texas. Es imposible que no acudan recuerdos a mi, eso es lo
principal, me veo a mi mismo junto a mi grupo de amigos debatiendo sobre la
procedencia de la máscara de mujer que porta cara de cuero al final de la
cinta. Nos frustramos con el personaje de Franklin y nos sentimos un poco
culpables cuando vemos como cara de cuero lo parte por la mitad con su sierra y
en vez de sentirnos aterradores cierto alivio surca por nuestro pensamiento.
Acabo de ver la cinta otra vez, era lo menos que podía hacer
después de enterarme de la muerte de Tobe Hopper. Mientras la veía me daba
cuenta de algo mas, del misticismo que embarga la cinta (y muchas cintas
denominadas por algunos como clásicas) un misticismo que se ha perdido en el
cine actual, ¿Por qué? No se, acudiré al argumento mas fácil y diré que es por
el internet y la inmediatez que supone. ¿Es eso verdad? Puede que si, puede que
no, no importa. Lo que importa es lo que les quiero decir, me refiero a
misticismo cuando recuerdo hace años todos los rumores que circulaban entre las
personas que veíamos cintas de terror. Recuerdo compartir anécdotas con amigos,
cosas como: “Esa escena, donde el autoestopista se corta la mano, lo hizo de
verdad porque era mas barato que lo hiciera así que tener que hacer un efecto
especial, igual cuando a Sally le cortan un dedo para que el abuelo succione su
sangre, ¡los tipos se hirieron de verdad!. O también alguna vez leí que Tobe
Hopper decidió ocupar cadáveres reales en algunas escenas porque le salía mas
barato alquilarlos en una morgue local que tener que construirlos”.
No se que tan cierto sea esto que dije (bueno, lo de los
cadáveres es en cierta medida cierto, Tobe Hopper siempre lo decía, aunque si
mal no recuerdo el hablaba de huesos, no de cadáveres en descomposición y así)
lo que si se es que ese tipo de rumores siempre estaban alrededor de estas
películas.
Recuerdo mucho todo lo que se hablaba del Exorcista por
ejemplo, nunca olvidaré a mi madre prohibiéndome verla, diciéndome cosas como
que esa película estaba maldita. Alguna vez conocí a una persona que dice haber
visto Evil Dead en el cine, recuerda que durante la función no dejaban de pasar
cosas raras, independientemente de las personas desmayadas recuerda cosas que
se movían solas, inclusive un pedazo del techo se desprendió e hirió a unos
jóvenes.
Todos esos relatos ayudaban a que la experiencia del
visionado se viera acrecentada, esas conversaciones nos ayudaban a
contextualizarnos y prepararnos para vivir hora y media de puro terror.
Pero bueno ¿Qué puedo decir de la masacre de Texas? Una
película asfixiante, espléndidamente rodada (aunque se nota en algunas tomas y
momentos muy concretos de edición que nos encontramos ante un producto que raya
en lo amateur, cosas que haría un estudiante de universidad sin mucha
experiencia). Tobe Hopper crea una atmósfera agobiante, mostrándonos a unos
personajes siempre sudorosos y acalorados, los acompaña con una paleta de
colores cálidos que ayuda a que de verdad sintamos lo que los personajes están
experimentando.
La música sirve para acrecentar esos momentos de locura en
que la familia de cara de cuero hace aparición, chirriante, eléctrica y
alucinante, sonidos que se mezclan con los gritos de terror de los
protagonistas y producen una sensación de desasosiego en el espectador.
Es increíble como una película que no contiene ninguna
escena explicita de asesinato resulte tan incomoda en su visionado. Me ha
vuelto a pasar con la escena en que el autoestopista explica como se hace queso
a partir de las cabezas de vacas en los mataderos, su descripción hace que se
me revuelva el estómago. Pasa lo mismo a lo largo de la cinta, Tobe no te
muestra literalmente las cosas, te las insinúa, es por eso que el impacto va
mas dirigido al subconsciente, se queda contigo mas tiempo, no recurre al susto
facilón, por eso logra crear una empatía mas poderosa con los personajes. Hopper
se esfuerza en crear una atmósfera a lo largo de toda la cinta que sirva para
aprisionar al espectador y hacer que se sienta igual de desamparado que los
personajes en la cinta.
En pocas palabras, un clásico irrepetible, está de mas decir
que se las recomiendo ampliamente.

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