Dirección/Guión: Alejandro Hidalgo
Protagonistas: Rosario Rodriguez, Gonzalo Cubero, Guillermo García, Rosmel Bustamante.
Cuando la primer película de los hermanos Lumiere se exhibió,
una de las primeras impresiones que causó fue horror, entre las variadas imágenes
que aquellos espectadores pudieron ver ese lejano año de 1895 se encontraba un
ferrocarril en movimiento que en determinado punto parecía que arrollaría a la
multitud expectante. Al ver aquella locomotora a toda velocidad el público
reaccionaba aterrorizada pensando que aquella enorme maquina terminaría por
demolerlo todo, VUALÁ, junto con el cine se había creado el primer género, el
terror.
El terror siempre ha estado ligado al arte y al ser humano,
aunque también curiosamente se ha encontrado subestimado y relegado. No
olvidemos figuras como las de Edgar Allan Poe o H.P. Lovecraft, personajes que
claramente dejaron un rastro inigualable dentro del género de horror, pero que
sin embargo nunca han dejado de ser acusados por aquellos que consideran el
horror un subgénero impropio y que no se debe de tomar en cuenta cuando de alta
cultura se habla.
En el cine ocurre algo similar, dentro del galardón más
importante que puede brindarse a las producciones cinematográficas en todo el
mundo, es decir, los premios oscar, es muy raro, inusual, que los grandes
premios sean entregados a cintas que exploten (ya no el terror) la fantasía y
eleven el cine más allá de vacías y triviales historias basadas en hechos
reales. A lo mucho que logrará una historia fantástica es a ser mencionada por
algún efecto especial, algún efecto de maquillaje, mejor sonido, detallitos de
ese estilo.
Quiero mencionar un ejemplo de lo que hablo y si usted cree
que estoy siendo en extremo subjetivo y que mi opinión es meramente la de un
fanboy berrinchudo le invito a abandonar esta página y le ruego que deje de
molestarse con estas insulsas aunque sinceras líneas.
Ok, regresemos al año 1968, ese año una película había sido
estrenada, una cinta que cambiaría por completo la forma en que se concebía el
cine, cambió paradigmas, desde el uso de la música, los efectos visuales, el
estilo de narración, la edición, absolutamente nada sería igual en el cine
después de que Kubrick hiciera la que hasta ahora, creo yo, es la obra
cinematográfica más importante que jamás se haya realizado, estoy hablando de
2001: A Space Odissey.
Pues bien, ese mismo
año la película fue nominada a los oscares por sus efectos visuales, por su
guión y por su dirección. Uno esperaría que tremenda película resultara
ganadora del premio más importante, pues no, ese año se alzó como la favorita
de la academia una película que nunca he tenido la oportunidad de ver y que
sinceramente nunca he escuchado ni recuerdo haber visto mencionada en ningún lugar
hasta el día de hoy que cuento con 26 años de edad, ¿la película es? “Oliver”
una adaptación de un musical basado en la novela de Charles Dickens, Oliver
Twist.
Ahora situémonos el
día de hoy, y pongamos en la balanza el legado que cada película ha dejado al
mundo del cine. ¿Ya lo hicieron estimados lectores? No es necesario ser un “cinéfilo”
(termino que en lo personal me da cierto dolor de estómago cada vez que alguien
trata de usarlo conmigo) para darse cuenta que 2001… sin lugar a dudas ha
dejado un cúmulo de enseñanzas, ha inspirado a cientos de personas alrededor
del mundo, inspiró a algunos, como a mí, a vivir el cine de una manera más
profunda, nos inspiró a conocer toda la magia que existe detrás de esa pantalla
plateada. Por otro lado, Oliver, pues no la he visto, así como no he visto la
mayoría de películas ganadoras del oscar.
Con esto solo quiero ejemplificar como el cine fantástico
sufre de una penosa marginación que para mí sigue siendo incomprensible.
Pues bueno, ahora imagínense este fenómeno pero en Latinoamérica,
un continente malacostumbrado a quejarse de todo cuanto puede (no quiero con esto
decir que carezca de motivos) y obsesionado, por lo menos en sus últimos 100
años, con un realismo que todo lo embarga.
Realismo es una palabra muy peligrosa cuando tratas de
aplicarla al cine, siendo este mismo la proyección más cercana que existe a los
sueños. En alguna ocasión Buñuel dijo que la cumbre del cine sería el día en
que cada uno de nosotros pudiera apagar la luz de nuestros cuartos, tomarnos
una pastilla y proyectar directamente en la pared la película que estuviera
saliendo de nuestra cabeza.
Latinoamérica ha dejado una, si no larga, si importante obra
de cine fantástico, podemos ver al ya nombrado Luis Buñuel, gente como Carlos
Enrique Taboada, la Familia Cardona y otros que por ahora no quiero recordar.
Pero hay que ser sinceros, Pocas veces se le ha tomado en serio al género, si
de por si el apoyo al cine es casi nulo por estas tierras imaginémonos ahora queriendo
sacar adelante un proyecto de imaginería fantástica.
En México por ejemplo, me da una pena ver que el cine se
encuentra enfrascado en sus mismos paradigmas desde hace como 20 años, por un
lado hay “comedias” románticas ligeras, están las películas hechas para
concursar en festivales de cine arte, que por lo regular hablan de la miseria y
lo jodido que está el país. A últimas fechas se ha venido consolidando un
género que de nuevo no tiene nada, pero que había estado un tiempo en el
olvido, aquel cine que habla de narcotraficantes y sus proezas y hazañas. Si,
esas películas están bien, no tiene nada de malo, de seguro existe un mercado
para cada una de ellas, pero ¿y el género fantástico apá? No puedo creer que
México tenga entre sus filas a uno de los directores de cine fantástico más
importante que jamás haya existido, me refiero a Guillermo del Toro, y no sepa
aprovecharlo.
El tipo se dio cuenta que en México iba a ser imposible
consolidar su carrera con el tipo de películas que quería hacer, vale recordar su
primer largometraje “Cronos”, para poder realizar esa cinta tuvo que recurrir a
dinero propio, perdió su casa y propiedades de sus suegros para poder hacerse
con el dinero suficiente para poder realizar su película. ¿Cómo le respondió la
industria cinematográfica en México? Le dijo- No Memito, tu película es de
vampiros, no la podemos mandar a cannes, que van a decir allá, aparte no tiene
ni un luchador.
El buen Guillermo
decidió tomar sus cosas (también obligado por el secuestro de su padre en
Guadalajara) y decidió irse para no regresar a México hasta demostrar que su
cine era tan bueno como el mejor que jamás se hubiera hecho, y que le
demostraría a la industria en México que habían perdido una gran oportunidad de
volver a crecer como en aquellos años nostálgicos que recordamos como La época de
Oro del cine Mexicano.
No le costó mucho y después de varias películas ha
demostrado ser uno de los directores más importantes de los últimos años.
Pues bueno, después de toda esta encíclica no Papal tomaré
por fin el tema central de lo que hoy escribo, es decir, la película Venezolana
“La casa del fin de los tiempos”.
Hice todos los apuntes anteriores para dejar en claro lo
importante que es el hecho de que una película latinoamericana sea realizada,
que la misma trate temas de índole fantástico y no solo eso, sino que lo haga
con creces y sorprenda a propios y ajenos con una propuesta sumamente
fascinante que por lo menos a mí me dejó con la boca abierta las dos ocasiones
en las que he podido verla.
Ok, ¿que tenemos frente a nosotros? Se ha estado vendiendo
la premisa de que es la primer película venezolana de terror, sinceramente no
tengo el dato a la mano, pero me suena muy descabellado pensar que en algún
país nadie en la industria se hubiera atrevido a manejar dicho género, aunque
bueno, puede que sea cierto.
Doy gracias a San Luis Buñuel también, que a pesar del
acalorado clima político que se debe de vivir en Venezuela, esta película no se
cuelgue para nada de ello y funcione para contar una historia propia, que no
por eso deja de poseer una identidad que transpira nacionalismo a diestra y
siniestra, basta con escuchar a los actores, con pequeños detalles del guión o
aquella escena en donde vamos a presenciar una sesión espiritista, se respira
pura onda venezolana!!
Como sea, el punto es que si de por si el género puede
llegar a ser inusual ahora imaginémonos en un país latinoamericano con poca
historia cinematográfica de terror. Eso ya de por si es una gran hazaña. Esto
que les digo fue lo primero que llamó mi atención, luego a cada reseña que me
encontraba en internet ponían en alto el nombre de la película y la calificaban
con las mejores puntuaciones, eso me parecía una jugarreta más o menos
comprensible, pero bueno, una noche que no tenía nada que hacer decidí verla.
No puedo mentir cuando digo que tardaré mucho tiempo en volver
a sentir lo que esta película me hizo sentir, dudo que pronto vuelva a disfrutar
tanto una película como lo hice con esta, desde su dirección, su edición, su
puesta en escena, todo es tan sobrio, tan bien hecho, las actuaciones tanto de
adultos como de niños son tan buenas. Punto y aparte es su guión, PEDAZO de
guión, una de las mejores historias que jamás me habían contado en muchísimo
tiempo, con unas vueltas de tuercas que no sabes ni por donde te salieron, una
resolución de situaciones formidable.
Hace algunos años escuché a alguien decir que cada vez que
trataba de explicar cómo hacer una película en donde todos los cabos se atan
coherentemente dentro del universo de la cinta siempre ponía de ejemplo 12
monos, pues con su permiso, 12 monos se queda corto, después de ver esta cinta
en dos ocasiones me queda claro como las imágenes deben de responder preguntas,
como se deben de aclarar situaciones y resolver misterios. Ósea, que la
película es una jodida obra de arte.
Luego, surge la irremediable pregunta que me hice yo, que se
hizo mi esposa Belén y mi amigo Manuel (Aka Astor) ¿Por qué en México no
podemos hacer una película así? Coño, no sé, discutimos por horas y no llegamos
a nada, pero bueno, ese tema da para otra encíclica, que por supuesto espero
pronto escribir y así poder seguir aburriéndolos con estás bien intencionadas
reseñas.
¿De qué va la historia? Fácil, una mujer es acusada de
asesinar a su esposo la misma noche que uno de sus hijos desaparece, condenada
a 30 años de cárcel por fin es puesta en libertad y obligada a regresar a la
casa en donde esos fatídicos hechos ocurrieron, pensando que por la edad que
tiene merece por fin descansar en su casa, pero nada es lo que parece y hechos
extraños comienzan a ocurrir.
No revelaré absolutamente nada más de la cinta, solo diré
que en ella convergen varios géneros, desde el cine de fantasmas, casas embrujadas
y demás cosas que podrían parecer clichosas pero que sin embargo son manejados
con tal maestría y tal dominio del lenguaje cinematográfico que parece que
estos tópicos fueran nuevos.
Espero que con los elogios que le estoy brindando sea
suficiente para que ustedes, estimados lectores, se animen a ver semejante muestra
de arte cinematográfico.
Película sumamente recomendable si usted quiere disfrutar de
una excelente película de terror aderezada con un poco de condimento
venezolano.

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