Dirección: Mario Sabato
Guión: Mario Sabato, basado en la historia "informe sobre ciegos" de Ernesto Sabato
Música: Victor Proncet
Reparto: Sergio Renán, Osvaldo Terranova, Leonor Benedetto.
“Yo creo que los ciegos son malos porque a eso los lleva su propia carencia…en mi mundo imaginario el ciego puede ser como un pájaro amenazador ¿Por qué? En mi es instintivo, no lo puedo evitar.”
-Luis Buñuel
Hay temas muy delicados de los cuales hablar, temas que son
tabú simple y sencillamente porque al hablar de ellos puedes herir
susceptibilidades ajenas, no es mi intención hacerlo, aquí solo trato de hablar
de mis propias impresiones, en su mayoría estoy seguro que impresiones erróneas.
Aclarando esto, comenzaré diciendo que a raíz de ver esta
cinta un recuerdo infantil volvió a mí, fresco como hace 20 años, el recuerdo
de un familiar que por falta de recursos (también cuentan las historias
familiares que por falta de interés de su madre) quedó ciego a muy corta edad.
Lo recuerdo en gran medida porque su única y más grande pasión siempre fue la
música, tocaba la guitarra, en su mayoría canciones conocidas pero también
componía sus propios temas.
Fuera de su guitarra y sus canciones poco es lo que yo sabía
de él, siempre fue una persona solitaria, que a pesar de todo siempre que se le
buscaba y entablabas plática con él se mostraba paciente y presto para platicar
de lo que fuera. Yo, siendo un niño no puedo negar que sentía por él una
extraña sensación mezcla de lástima, tristeza y miedo.
Como en algunas ocasiones he comentado aquí, soy de la
creencia en que los niños poseen una pureza (ya no bondad) tan grande que son
capaces de no frenar sus propios sentimientos, ellos no están atados por concesiones
morales ni sociales, si ellos le temen a un ciego lo demostrarán y punto. Eso
me pasaba a mí, siempre sentí miedo por él, no era un miedo a que me atacara, o
un miedo físico, era miedo a su mundo, a su forma de percibirnos a nosotros,
los que si podíamos ver. No podía imaginar una vida en la que no puedes ver
nada, eso siempre me desconcertó y me causó una honda sensación de miedo.
Bueno, a estas alturas ustedes ya deben de saber de qué va
la película, claro, de ciegos. Básicamente somos testigos de cómo un tipo
cualquiera (como usted o como yo) llamado Olmos descubre que existe una secta secreta liderada
por ciegos, los cuales sus intenciones nunca son claras, pero algo es seguro,
no son buenas.
Una premisa absolutamente fantástica que sirve de punta de
lanza para tratar temas tales como la soledad, la amistad, el deterioro mental
y demás temas que resultan sumamente fascinantes.
Dirigida por Mario Sabato basado en un capítulo de la novela
“Sobre héroes y tumbas” de su propio padre, Ernesto Sabato. Mario se mueve
entre episodios oníricos mezclados con recuerdos de la infancia, en la escena
que abre la película vemos a un niño Olmos rodeado de pajaritos, luego
descubriremos que de pequeño tenía la costumbre de sacar los ojos a los
pajaritos para ver como volaban siendo ciegos.
Una escena poderosísima que básicamente explica lo que defendía líneas arriba,
los niños son seres amorales, no son buenos ni malos, para ellos esos conceptos
no están completamente desarrollados, es mediante la convivencia con adultos
que nos vamos trazando límites que nos permiten interactuar en la sociedad sin
ser vistos como sádicos.
Dentro de su apartado técnico he podido darme cuenta de algo
que siempre me intrigó de mi gusto por el cine, llamémoslo “viejito”, sin
tratar de generalizar ni menospreciar el cine que se hace actualmente, existe
una diferencia muy clara en los productos que se hacían en la década de los
ochentas para abajo respecto al cine que se hace actualmente. La palabra es
Teatralidad, el cine mexicano, latinoamericano, italiano, y un poquito el gringo, poseían cierta
teatralidad en su puestas de escena, en su iluminación, en su forma de plantear
diálogos y en su resolución de problemas. Actualmente nos encontramos con que
en el cine se tiene que justificar mediante la realidad todo lo que vemos en la
pantalla, es a lo que hemos llegado, no es bueno ni malo, solo es diferente.
A mi personal punto de vista me gusta más cuando el cine no
quiere imitar la realidad sino modelarla desde otra perspectiva.
Esto es algo que hizo que me enamorará de esta producción
argentina que data del año 1979, la puesta en escena que nos muestra poco a
poco el deterioro mental de este personaje, es de esas películas en que nos
queda la duda ¿el tipo tenía un severo delirio de persecución o en verdad
tenemos que tenerle miedo a los ciegos? Es una pregunta que cada uno de
nosotros debemos responder después de ver la cinta, la respuesta será
influenciada por nuestros propios fantasmas internos y nuestra forma de ver y
concebir el mundo.
Poco o nada se nos dice sobre cómo funciona esta
organización de ciegos, se nos sugiere que están organizados, que son algún tipo
de secta, que tienen un método para reclutar nuevos ciegos, que tienen más
poder político que el que se pueda pensar.
Las actuaciones son propias de lo que hablaba hace un
momento sobre la teatralidad, no por esto quiero decir que los personajes sean
payaso de circo que anden gritando y revoloteando todo a su paso, no. Las
actuaciones funcionan en servicio de la atmósfera surreal que embarca a toda la
película, rematada con algunos diálogos sumamente interesantes,
llenos de un profundo misterio que rayan en lo poético, recuerdo en este momento
aquella frase que suelta Olmos: “¿has tocado alguna vez la piel de un ciego? Es
fría como la de un reptil”.
Una película sumamente recomendable que en mi causó un
profundo terror como pocas películas lo han conseguido a últimas fechas, un
terror infantil a un mundo que no conozco pero que sin embargo me es muy
cercano, un miedo a sus pobladores y a sus sentimientos. Como dato debo decir que
más terror me dio descubrir que Mario Sabato, después de dirigir esta excelente
película, hizo una serie de cintas donde los protagonistas eran nada mas ni
nada menos que los PARCHIS!!!! …The horror…

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