Dirección y Guión: Jennifer Kent
Protagonistas: Essie Davis, Noah Wiseman.
El cine en sus diferentes géneros siempre se ha movido de
manera cíclica, regularmente sus formas y maneras cambian y evolucionan
naturalmente con el paso de los años.
Cada generación posee su propia concepción del cine, por
ejemplo, centrémonos en el cine de terror, pensemos en una figura clásica del
cine, Drácula por ejemplo. Cuantas versiones no existen de Drácula, desde la
versión Alemana de Max Shreck, pasando por el clásico y paradigmático vampiro
interpretado por Bela Lugosi, o aquel vampiro sádico y cargado de violencia que
interpretó Christopher Lee.
Pues bien, de todas las formas en las que ha sido
adaptado el vampiro más famoso del mundo sin lugar a dudas me quedo con el
interpretado por Gary Oldman en la versión de Coppola de principios de los 90s.
Para mi ese es el mejor Drácula que se ha hecho hasta ahora, ¿Por qué? Puedo
dar muchas razones, pero me quedaré con una sola respuesta, porque es la
versión que se hizo pensando en mi generación. Esa película la vi siendo yo un
niño, y los muy allegados a mi sabrán que esa película conformaba el repertorio
de cintas que impedían que conciliara el sueño por la noche.
Ahora bien, generalicemos un poco esto y hablemos del
caso de las cintas de terror, existen muchos subgéneros dentro del mismo, pero
creo que aun así podemos ver a grandes rasgos las características del género
dependiendo su contexto histórico, por decir algo, en la década de los 70s se
dio una explosión de cintas que enaltecían el culto por lo mórbido, era un cine
extremo y violento, sin importan de que fuera la trama, la característica
principal era su extrema violencia, en pocas palabras, el uso del gore.
En los 90s por ejemplo se trataba de asustar de otro
modo, por medio del realismo, todo tenía que ser realista hasta cierto punto,
los asesinos dejaron de ser sobrenaturales para pasar a ser personajes con
algún problema psicológico sin resolver, el gore siguió existiendo, pero el
público se aburrió de el y ya no era tan importante ser gráficamente explícito.
Esto que comento es en términos extremadamente generales,
no quiere decir que esto que digo sea una regla de oro, más bien es un estándar
por el cual se movía el género.
¿Cuál es el estándar que mueve al género en la
actualidad? Creo yo que es el susto facilón, aquel que explotara a la maravilla
la cinta debut de Sam Raimi, me refiero a Evil Dead.
El cine de terror se ha topado con una fórmula simplona
que se ha cansado de repetir hasta el cansancio, no importa de que vaya la
trama, eso ya no es importante, ni siquiera crear un monstruo es relevante,
vaya, ni siquiera una motivación importa. Lo que importa ahora, y lo que la
gente quiere cuando va a ver una cinta de terror, es saltar de su butaca porque
alguien le grita estrepitosamente en frente.
Vaya, que podríamos ver hora y media de una pantalla en
blanco en donde cada 3 minutos saltara frente a nosotros cualquier cosa, no sé,
un pollo parapléjico, y la audiencia saldría contenta porque los “espantaron”.
-Guau, esa pelí estuvo genial, la parte que más miedo me
dio fue cuando el pollo salió por arriba de la pantalla.
-No hombre, yo me cagué cuando parecía que el pollo salía
por la izquierda y en realidad saltó por abajo, un alucine!!!
Pues bueno, les comento esto porque si usted es de esas
personas que su máxima aspiración en una cinta de terror es que un pollo
parapléjico le salte a la cara, lo lamento, pero esta película no es para
usted.
Para comenzar ¿de qué va esta película australiana? La historia
va de una mujer que perdió a su esposo en un accidente automovilístico el día
en que iba a dar a luz a su hijo, siete años después vive con el sufrimiento de
la pérdida del marido aunado a la personalidad problemática de su hijo y un
trabajo que la agobia hasta el aburrimiento.
Un buen día el niño encuentra un libro llamado El Señor
Babadook y le pide a su madre que se lo lea. Asombrada la madre se encuentra
con que el libro está lleno de imágenes perturbadoras y escalofriantes. Luego
entonces, el niño comienza a tener pesadillas con el Señor Babadook, al punto
de estar convencido de que el monstruo es real.
Dicho de esta manera pareciera más de lo mismo, pero ahí
es donde la película acierta, en tomar la típica premisa de la casa embrujada,
del monstruo debajo de la cama, que ya hemos visto mil y unas veces para darle
la vuelta y convertir la cinta en un drama disfrazado de terror…o de terror
disfrazado de drama, o como sea.
Me explico, el señor Babadook es solo una excusa para
hablar de otros temas, como los temores infantiles, las obsesiones, la tristeza
y la depresión que embargan a esta familia.
Poco a poco, conforme el señor Babadook se comienza a
hacer presente en la vida de madre e hijo, nos vamos encontrando con la
verdadera naturaleza de ambos, el verdadero terror no viene de los monstruos en
la oscuridad, sino de aquella persona que más amas y se supone debería de
protegerte.
En este punto la película no puede dejar de ser una clara
heredera del Resplandor de Stanley Kubrick, desde la pérdida de la cordura
hasta la ambigüedad con que los hechos son presentados.
Cabe resaltar el trabajo de los actores principales,
madre e hijo, Essie Davis y Noah Wiseman, tremendo pedazos de actores ambos.
Por un lado el hijo que logra transmitir una real sensación de hastío por sus
constantes alucinaciones, es al mismo tiempo deprimente verlo y no puedes dejar
de tenerle compasión, todo mezclado con unas ganas inmensas de apretarle el
cuello, sublime.
Y su madre, quien vemos poco a poco como sus gastados
nervios se ven apabullados con la llegada del misterioso personaje Babadook,
llegando un punto en que ella misma duda de su cordura, estupenda en el tramo
final de la cinta, imperdible.
La puesta en escena brilla por un extremado minimalismo,
donde menos es más, aquí no espere ver bruscos movimientos de cámara, ni
efectistas cámaras en mano corriendo despavoridas por lúgubres salas. Por el
contrario veremos una magistral muestra del dominio de la cámara, con cuadros
pensados y evocativos.
Estamos delante de una película sumamente aterradora, no
por los sustos ni trucos baratos a los que el cine ha malacostumbrado
últimamente a la audiencia, no, esta cinta es aterradora porque nos invita a
ver dentro de nosotros mismos y experimentar de cerca todo lo podrido que
habita en nuestras almas.
Una cinta oscura y profunda, con un desenlace ambiguo que
hará las delicias de muchos aunque a la mayoría los decepcionará, porque si
algo es cierto, el cine también se ha enfermado en exceso del “realismo”, en
donde todo tiene que ser explicado y el espectador es llevado de la mano
seguramente mientras el director le cuenta al pie de la letra que es lo que
está pasando y como debe sentirse. Aquí no señores, aquí se nos arroja en la
oscuridad más abrazadora para que seamos nosotros mismos quienes saquemos
nuestras propias conclusiones basados no solo en lo que acabamos de ver, sino
en nuestras propias experiencias.

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