Dirección: Hiroshi Harada.
Guión: Hiroshi Harada y Suehiro Maruo.
Mientras veía esta película lo único que cruzaba por mi
mente era: ¿En qué rayos piensan los japoneses? Y es en serio, no es que me
asuste ni nada por el estilo, pero si algo caracteriza a las obras de arte
japonesas es sin lugar a dudas su crudeza y visceralidad.
El cine japonés (y oriental en general) es un tipo de cine
con el que no estoy muy familiarizado, tengo visto a ciertos autores muy
conocidos como es el caso de Takashi Miike o Hayao Miyasaki; Hace poco también
vi una película llamada Uzumaki que va sobre cierto pueblo en Japón donde de
repente los espirales cobran vida y matan a la gente (Da fuck?).
Por otro lado, como todo perteneciente a mi generación,
también fui invadido por el mundo del manga y el anime, en su momento me chuté
cosas como Evangelion y Elfen Lied; fui muy fan de series como Escaflowne y mega
clásicos como Dragon Ball y todo lo que en los noventas se televisaba acá en
México.
Después de todo esto me sigue siendo muy difícil entender la
mecánica del pensamiento japonés a la hora de crear símbolos y darles
significados. Probablemente uno de los autores que mejor ejemplifican esta característica
del cine japonés es sin lugar a dudas Takashi Miike (nuevamente, según mi
escaso conocimiento del cine Nipón). Recuerdo mucho ver una cinta hace algunos
años llamada Ichi The Killer, independientemente de las retorcidas escenas de
tortura que impregnan el metraje, recuerdo mucho un momento en donde cierto
personaje enclenque por el cual no apostarías ni un peso, se enfrenta a otro
tipo armado hasta los dientes, en un giro inesperado de la acción, el tipo
enclenque se quita la ropa y descubrimos que debajo de ella se encuentra un cuerpo
escultural y musculoso, digno de un dios griego.
Después de ver la película traté de analizar (en vano) el
significado de dicha escena, y descubrí que me pasaba lo mismo que con la
mayoría de los finales de cualquier obra japonesa, terminaba completamente
confundido y me rendía ante mis intentos de darle una lógica occidental a lo
que acababa de ver.
La película que hoy toca analizar navega bajo esta misma
bandera de confusión, aunque la confusión de la que somos presa no es
precisamente por su trama, a decir verdad su argumento es bastante sencillo y
la historia avanza rápida y fácilmente durante su duración de menos de una
hora.
Lo que nos confunde (por lo menos a mí) es el nivel de
sadismo, mala leche y brutalidad que impregna el filme. Producto de una mente
retorcida y mal sana, sin lugar a dudas fiel producto de su país de origen.
Vuelvo a repetir, no me espanto, si por algo soy conocido es
por reconocer ciertos alcances estéticos en películas que son consideradas de
mal gusto y grotescas. Siempre he dicho que el género de terror tuvo su momento
más elevado en la década de los 70 bajo la mano de los cineastas italianos.
Considero este momento de la historia del cine como uno de los más fascinantes.
Basta recordar Suspiria de Dario Argento, con sus escenas de mujeres
asesinadas, haciendo uso de la más bella técnica cinematográfica, con un
dominio de la iluminación espectacular y movimientos de cámara coreografiados
de tal suerte que la suma de todos estos elementos dan como resultado unas
piezas de tal belleza visual que choca con nuestros sentidos cuando recordamos
que estamos asistiendo a una vorágine asesina de violencia y muerte sin ningún escrúpulo.
Así que apreciable lector, no, no me tachen de moralista
ante mi sorpresa, es solo que mi sociopatía no ha llegado a tal grado como para
que una cinta con el nivel de violencia que maneja Midori me deje indiferente.
¿De qué va la cinta? Muy sencillo, una niña llamada Midori,
quien sobrevive vendiendo flores en la ciudad, de repente queda huérfana y es
recibida por un circo que se especializa en fenómenos y rarezas. Ahí veremos
como la pequeña niña es abusada (en muchos sentidos) por los residentes de
dicho circo.
Al final del día la cinta me dejó con una sensación de
tristeza que rayaba en el malestar, dejando a un lado lo gráfico de su
contenido, la historia nos habla de la pureza de Midori y de cómo a pesar de lo
enfermo y podrido del mundo ella no se deja derrotar por el mismo, es
inspirador, sí, pero después de ver como este horrible monstruo llamado mundo
se encarga de torturarla, tragarla, destruirla, vomitarla y volverla a tragar.
Es muy natural que uno se sienta decepcionado y deprimido.
Otra cosa que llamó mi atención es su animación, hecha en su
mayoría de dibujos estáticos, son pocos los planos en donde notamos movimiento
en los personajes. Cuenta la leyenda que esto fue debido al bajo presupuesto
con el que contó la realización, inclusive se dice que ninguno de los
realizadores de la cinta uso su nombre real en los créditos por miedo a las
represalias que pudieran sucitarse.
Una película que recomiendo mucho, no dejará indiferente a
nadie, para bien o para mal, aunque si debe quedar claro que no es un visionado
para cualquier público, tienes que entender que lo que vas a ver es terrible y
si no estás preparado es probable que te afecte como pocas películas lo han
hecho, en lo más profundo de tu alma.

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